La violencia no siempre empieza con un golpe; a menudo comienza con un susurro, una "broma" o una mirada de control, no es un instinto biológico natural, sino un comportamiento aprendido y un producto sociocultural basado en desequilibrios de poder que buscan someter a la otra persona.
¿Cómo saber si estás en una situación de riesgo?
Aquí te enseñamos a usar el Violentómetro y a construir el escudo más fuerte ¡tu red de apoyo!
¿Cómo puedo poner límites?
Poner límites es un ejercicio de autoconfianza y amor propio, una relación sana se basa en la asertividad, la empatía y la comunicación, no en el control.
Aquí tienes ejemplos de cómo responder a señales de alerta comunes:
Señal de control: "No me gustan tus amigas, si me quieres deberías dejar de verlas".
Pon el límite: "Mis amistades son una parte fundamental de mi vida y no son negociables. El amor no implica aislamiento, sino respeto por mi autonomía".
Señal de invasión: "Te reviso el teléfono porque sé que me engañas".
Pon el límite: "Mi privacidad es un derecho. Si hay desconfianza, hablemos, pero no voy a permitir que vulneres mi espacio personal revisando mis pertenencias".
Señal de desprecio: "¡Tenías que ser mujer!" o críticas a tu apariencia.
Pon el límite: "No permito que se use mi género para insultarme ni que se descalifiquen mis capacidades. Mi valor no depende de tu opinión".
El Poder de las Redes de Apoyo: No estás sola
El aislamiento es la mejor herramienta del agresor para aumentar tu dependencia emocional y dificultar la denuncia, por eso las redes de apoyo son vitales para tu protección.
Rompen el Círculo de la Violencia: El agresor suele pasar por una fase de "Luna de miel" donde muestra arrepentimiento y da muestras de afecto o regalos para que no te vayas; tus amigos y familia pueden ayudarte a ver la realidad fuera de ese ciclo.
Seguridad Psicológica: Contar con alguien ayuda a reducir el miedo y la indefensión aprendida.
¿A dónde acudir?
Si sientes que tu integridad corre peligro, busca ayuda profesional inmediata, resguardate con tu red de apoyo ya sea amistades, familia o grupos de apoyo y evita a toda costa el contacto con tu agresor.
¡Hasta que la dignidad se haga costumbre!
Ser víctima no es tu culpa ni motivo de vergüenza.
Identificar la violencia es el primer paso para transformarla.
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